Salvaciones

Buscando la plenitud del sentido, el ensayo aparece como el salvamento del mundo. Todo insinúa su plenitud. Toca a la inteligencia alcanzarla. Si el significado se esconde es porque seduce.
Esa es la tarea del ensayista. Adorar el mundo a través de la comprensión.
Esa es la tarea del ensayista. Adorar el mundo a través de la comprensión. (Adrián Pérez)

Ciudad de México

A principios de 1912 José Ortega y Gasset concibe una serie de ensayos que habrían de distribuirse por suscripciones. Sería el primer libro del filósofo y sería bautizado al final del día como Meditaciones del Quijote. Durante algún tiempo jugó con otro título. En lugar de meditaciones: salvaciones. La expresión se cuela a las primeras páginas del libro, en el aviso que dirige a su lector. Estos ensayos, advierte, no son informes de hechos ni resúmenes de ideas, “son más bien lo que un humanista del siglo XVII hubiera denominado “salvaciones”. Eso es el ensayo para el pensador de “alma dispersa” que era Ortega: una apuesta por la salvación.

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