Contracorriente

Anahí, caridad y publicidad partidista


Los desastres naturales son una fuente de revelación de intenciones. Clasificar las reacciones de los políticos en este contexto genera el riesgo de la caricaturización. Sin embargo, el respeto por las víctimas y el trato digno a su condición de vulnerabilidad requiere de ciertos perfiles de funcionarios públicos que, por lo visto, hoy son escasos en México.

Lo que esperaríamos en situaciones de emergencia es que los servidores públicos que deben acercarse a las víctimas no hagan uso de los recursos públicos como si fueran un bono de sus prerrogativas para campaña electoral, o como si emplearan dinero que sacan de su bolsillo en un acto de beneficencia. Otro elemento de mínima sensibilidad es que no conviertan el espacio de desastre en la escenografía de un espectáculo del que se asumen protagonistas. ¿Pedir que no utilicen uniformes de partidos políticos en las brigadas de apoyo es demasiado? No. En cualquier país en el que la eficiencia gubernamental y la empatía por el dolor está por encima de la propaganda mediática o la suma de simpatizantes políticos, el desfile de disfraces partidistas no formaría nunca parte de la ecuación.

Hay un punto aún más delicado: la exhibición de las personas damnificadas o de los familiares de los fallecidos tras el sismo. Es común que se les utilice como carne de cañón para hacer muestras de la bondad y el carisma de los funcionarios que los apoyan y los rescatan no solo de la devastación por los derrumbes y las muertes, sino de la "falta de estética" de sus barrios.

Finalmente, un funcionario que se respeta, es cuidadoso con el contenido y el tono con los que ofrece su discurso. Vanagloriarse de haber entregado a cada ciudadano afectado "su ataúd y su pan" es, por demás, insultante. Los recorridos de la esposa del gobernador de Chiapas, con la cámara de teléfono en mano, con su chaleco del partido verde alisándose el cabello y desempolvándose las pestañas, no son solo una prueba de lo alejados que están de la empatía ante el dolor colectivo, sino de la rapiña electorera con la que están dispuestos a documentarse en tiempo real.

El tiempo nos ha permitido reconocer tanto la mejora de las construcciones en Ciudad de México como la efectividad de la alarma sísmica. Ojalá que el tiempo nos ofrezca también la posibilidad de elegir más servidores públicos honorables y menos explotadores de clientelas.