Robótica, la apuesta de Carrefour para sobrevivir

A finales de 2015 introdujo a ‘Pepper’, un humanoide en tres de sus tiendas francesas y otras dos en España.
‘Pepper’ atiende a los clientes.
‘Pepper’ atiende a los clientes. (Shutterstock)

Con una frustración apenas disfrazada, varios ejecutivos y accionistas de Carrefour describieron al minorista francés como disperso y estancado en viejos hábitos.

Georges Plassat, quien está a punto de completar un difícil periodo de cinco años como director ejecutivo, dijo en su primera reunión anual en 2012 que la compañía le recordaba a una gallina sin cabeza.

Thomas Barrack, el multimillonario estadunidense inversionista en bienes raíces quien fue un accionista influyente en Carrefour entre 2007 y principios de este año, comparó el reto de modernizar al grupo francés con darle la vuelta a un portaaviones.

Como experimentados empresarios que conocen las entrañas de la compañía, Plassat y Barrack hablan con una evidente autoridad sobre la cultura corporativa defectuosa de Carrefour, la segunda mayor cadena minorista por ingresos.

A pesar de eso, los críticos de Carrefour a veces exageran sobre su miopía estratégica y renuencia a acoger el cambio. Es verdad, la compañía no ha ido tan lejos como sus rivales Tesco y Walmart en actualizar la fórmula de los grandes supermercados fuera de la ciudad que el grupo francés diseñó en los 60.

Carrefour también entró relativamente tarde al mundo del comercio electrónico avanzado. El impacto de estos deficiencias, junto con la fuerte dependencia del grupo en su mercado nacional en Francia, que representa 47 por ciento de las ventas, es visible en el precio de las acciones del grupo. Después de caer la semana pasada, cuando Carrefour registró un crecimiento de ventas del segundo trimestre que parecía reflejar la continua presión sobre los márgenes de utilidades, el precio de la acción se coloca ligeramente por encima de 21 euros, menos de la mitad de su nivel hace 10 años.

A pesar de esas decepciones, la vida de Carrefour ha sido todo menos estática bajo el mando de Plassat. Una señal que se notó poco pero que es interesante se refiere al uso de los robots. Hacia finales de 2015, la firma introdujo a Pepper, un robot humanoide de la japonesa SoftBank, en tres de sus tiendas francesas y otras dos en España. Siete robots se enviaron a cada una de las tiendas de Francia y se les asignaron tareas como darle la bienvenida a los clientes, ofrecer entretenimiento ligero y dar consejos sobre descuentos, promociones y nuevos productos. La medida fue más un experimento encantador que un esfuerzo serio de crear nuevos negocios.

Sin embargo, a su manera fue un pionero y demostró que Carrefour, al igual que Nestlé, Nissan y otras compañías que utilizaron Pepper, tenía toda la intención de convertir a los robots en una parte más importante de su futuro.

Una pregunta para los inversionistas de Carrefour es qué tan rápido Alexandre Bompard, quien va a reemplazar a Plassat como director ejecutivo el 18 de julio, llevará a la compañía por el camino de la automatización.