Detienen sus pasos hacia EU para ayudar

En Oaxaca, indocumentados de Centroamérica arriesgan su vida para remover escombros, mientras que los istmeños afectados por el sismo los observan con sorpresa y gratitud.

México

El Istmo de Tehuantepec se pone místico, religioso: “Ante Dios todos somos hermanos. No distingue vocabulario, no distingue nacionalidades, ni color ni nada. Somos hermanos y estamos para ayudarnos”.

Son las palabras del hondureño José Barrera, uno de los migrantes centroamericanos que pasaba por Oaxaca en la búsqueda de su sueño americano y detuvo sus pasos hacia Estados Unidos para ayudar a las víctimas del sismo.

“Nosotros no nos esperábamos esto, pero al ver el sufrimiento de la gente y todo lo que está pasando, decidimos salir a ayudar. Nosotros estábamos en el albergue Hermanos del Camino, esperando para seguir camino a Estados Unidos, pero ya no”, relata.

Wilson Alonso, de nacionalidad salvadoreña, lleva cuatro años en México. Dice que el país ya es como su casa, que lo enamoró tanto que no quiso seguir hacia Estados Unidos y por eso no dudó en poner manos a la obra para ayudar a quienes ya considera como sus hermanos.

“Hay que apoyar al pueblo así como el pueblo apoya a todos los migrantes, y gracias a ellos que tenemos una casa donde descansar para que no nos moleste la migra”, expresa.

Desde el día del temblor los migrantes sorprendieron. Se volvieron virales porque alguien subió una foto a redes sociales de un grupo de ellos que ayudaba a los damnificados en vez de treparse en el tren rumbo al norte.

Y sí, han salido a las calles de Juchitán y Unión Hidalgo —dos de los 41 municipios golpeados en Oaxaca— para remover escombros y derribar todas las estructuras que representen un peligro para quienes de por sí ya lo perdieron todo.

Arriesgando su vida, unos suben a los endebles techos de las casas y con sus manos arrancan las piezas flojas; otros, con herramientas improvisadas, derriban paredes; unos más apilan el cascajo.

De la casa de Alan López prácticamente no quedó nada: tuvo severos daños después del temblor, pero asegura que no sabía ni por dónde comenzar a tirar lo que quedó de su hogar. El miedo, como a tantos otros, lo paralizó. En cambio, ahí están los migrantes encaramados por todos lados en las viviendas bamboleantes.

“Nosotros los que vivimos y pasamos ese terremoto no nos atrevemos a estar arriba de las casas y ellos están arriesgando su vida con tal de ayudar a las personas que en verdad lo necesitan”, señala.

Alan lamenta que sean los migrantes y no las autoridades quienes los estén apoyando en estos momentos difíciles: “Es digno de admirar, porque ellos sufren al atravesar nuestro estado”.

Wilson y José dicen que ayudarán en Oaxaca el tiempo que sea necesario. Les da tristeza ver que cientos de personas se quedaron sin casa, pero lo que quieren hacer tiene sentido: hoy por ti, mañana por mí.

“Nos sentimos felices y orgullosos de saber que la gente nos da las gracias de corazón, y sabemos que otra vez que pasemos por acá tendremos abierta las puertas de todas las personas”.

Cuentan que eso de ver a la gente sufrir les llega al alma: ellos también son, desde hace tiempo, gente sin hogar, gente que anda “damnificada” en el camino.

Los migrantes voluntarios apoyan en Ixtepec, donde se ubica el albergue en el que suelen pernoctar, y en otros municipios más afectados como Ixtaltepec. Incluso, dicen, las autoridades municipales también han solicitado su ayuda para cavar tumbas para las víctimas en los panteones y transportar a heridos y enfermos a centros de salud.

Por lo pronto tienen mucho trabajo: según el último corte de caja del gobierno estatal, 120 mil inmuebles resultaron dañados en Oaxaca. Y ahí andan, trepados, duro y dale, derribando lo que queda de las casas de tantos istmeños, que no dejan de observarlos con sorpresa, y sí, gratitud...