Un cerro chiapaneco que se roba los hogares

Un matrimonio de la comunidad Francisco I. Madero, en ese municipio, vuelve a lo que quedó de su casa tras el sismo para lavar, pues en el albergue no hay suficiente agua.

Jiquipilas, Chiapas

Faustina y Cecilio son una pareja joven, no pasan los 35 años.

Esta mañana han caminado más de una hora por terracería para llegar a su casa aquí, en la comunidad Francisco I. Madero, del municipio de Jiquipilas, en Chiapas. Son solo dos de los 300 pobladores que vivían en esa comunidad hasta el pasado jueves, cuando la tierra se convulsionó y mandó al suelo muchas viviendas y dejó tambaleantes otras.

Cecilio y Faustina llevan consigo a tres hijos y un sobrino. A este caserío se le conoce también como la localidad de Las Piedras, y está abandonado. Los vecinos de la zona han sido llevados a un refugio en la cabecera municipal. Es muy alta la posibilidad de desgajamiento del cerro adjunto que luce en lo más alto pedazos de roca sin vegetación.

La joven pareja se abre paso en un camino donde todo el tiempo revolotean mariposas, libélulas, avispas y demás insectos. Al andar por el camino de piedras y tierra se escucha cómo entre la maleza se abren paso también animales de todos tamaños. Lagartijas oscuras corretean en grupos. Pequeños roedores se esconden en sus madrigueras cuando oyen que alguien se acerca. El zumbido de los insectos, los pasos sobre la tierra y la hierba agitada es todo lo que se escucha. No hay nadie en la zona.

Al ir subiendo el cerro empiezan a aparecer las primeras casas. No se ven dañadas, pero tampoco están habitadas. Un poco más arriba una cancha de basquetbol con el tablero de madera roído y desgastado por la lluvia es los primero que se observa. Detrás de eso, los primeros signos de destrucción aparecen: un cobertizo de madera tiene desprendidos varios tablones y a través de ellos se ven los sembradíos de maíz.

Del otro lado de la cancha y al borde de un desfiladero, se ven unas láminas de aluminio tiradas sobre montones de tierra. Hasta la noche del jueves eso era una casa.

Las láminas apenas tapan el conjunto de piedras que antes eran muros.

Al acercarse se comprueba la fragilidad de terreno. Los pies se hunden a cada paso. Quizá por ello parece que la mitadd de esa casa fue tragada por la tierra.

Más allá otra edificación con varias paredes a medio derruir dejan ver el paisaje: el Valle de Santiago. Más arriba, casi junto a las últimas casas, está la de Cecilio y Faustina. Llegaron cargando fardos de ropa de ellos, sus tres hijos y un sobrino. Viven en el refugio desde el viernes pasado, pero ahí no hay agua suficiente para lavar su ropa. Por eso vienen.

“Pero solo un ratito, ya no se está a gusto aquí”, asegura Faustina, mientras se seca las manos en la falda.

“Esa noche creímos que se iba a acabar el mundo” se oía cómo caían las piedras del cerro, se oía como un río. Yo agarré a mi niña chiquita y mi esposo a los otros tres”, dice con una voz casi imperceptible.

Su tono se hace más fuerte cuando dice que nadie le ha dicho cuándo va a llegar la ayuda para reconstruir su casa. De todas maneras, asegura, ya no quiere vivir en este lugar. “Quiero un lugar bonito, donde no haya piedras”.

De cerca escucha la conversación Cecilio. Los niños se arremolinan a su paso. Entre las piedras y las botas de hule que calza, se le hace difícil caminar.

“Nosotros no sabemos a dónde nos podemos ir, hasta donde podemos llegar. Ya no queremos vivir aquí”.

Cecilio siembra maíz, dice que no hay otro trabajo en esa zona. “Ahorita tengo un poco de siembra allá arriba, pero no hay como subir hasta allá. Ahí lo voy a dejar abandonado, no hay como traerlo”.

Ambos son tzotziles y traen con ellos a un sobrino. “Mi cuñado Juan lo mandó para que fuera a su casa a ponerle maíz a las gallinas”, explica.

En las casas más abajo hay perro, gatos, gallos y demás animales que en su delgadez dan cuenta de que a ellos no les han enviado nada sus dueños. Y es que, explica el matrimonio, para movilizarse es necesario dinero, y eso es algo que siempre escasea.

Cecilio y Faustina van al albergue. Andarán a la búsqueda de un nuevo hogar, porque el que tienen, ya no es suyo: ya se los arrebató el cerro...